miércoles, 21 de noviembre de 2012

Por qué yo protesto?



Yo protesto porque es mi derecho el quejarme cuando todo lo que me han dicho ha resultado ser una mentira. Me dijeron que vivía en una democracia, que nuestra economía estaba blindada, que se iba a hacer lo que nunca se había hecho, que vivíamos en libertad.

Mentiras, todo no fueron más que mentiras. Como siempre.

Entonces, por qué protesto? Por qué salgo a la calle a reunirme con otros como yo, a “apandillarme” con abogados, arquitectos, empresarios, músicos, escritores, ingenieros, administradores de empresas, publicistas, mercadólogos, sociólogos, profesores, estudiantes y demás?

Salgo porque quiero vivir en una democracia, quiero vivir en una República en la cual el poder le pertenezca realmente al pueblo y no a los políticos, una democracia en la cual no existan más de 300 viceministros y en la cuál el Estado sea parte de la solución, no el mayor problema. Yo salgo y protesto porque quiero que el Estado se meta lo menos posible en mi vida, porque quiero que el poder retorne al pueblo y sea éste el que tome las decisiones, no un grupo de políticos desconectados de la realidad y engrandecidos a base de los impuestos que yo y todos los dominicanos pagamos.

Salgo a las calles porque quiero pagar menos impuestos, quiero que se creen más trabajos, quiero que se acabe con esta fantasía que nos han vendido de que a más impuestos más progreso y mejor calidad de vida, cuando en la realidad todo ha sido una gran mentira. Salgo y pido que la libertad le sea retornada a cada uno de los que integran el pueblo, que nos devuelvan el poder de decidir nuestras vidas, que nos devuelvan el poder de gastar nuestro dinero en lo que querramos; no en villas, apartamentos, carros de lujos, Yuleidis, cenas y tantas otras cosas en las que los despilfarran nuestros supuestos representantes y empleados.

Nuestra República ha sido secuestrada por las clases políticas y por esto protesto, para recuperar nuestro Estado, para reducirlo, para eficientizarlo, para acabar con tantas mentiras. Protesto para poder vivir en un país en el cual el desarrollo no se mida por la cantidad de elevados, túneles y líneas de metro sobrevaloradas que se construyen, un país en el cual el desarrollo no se cuantifique en cemento, sino en calidad de vida. Quiero vivir en un país en el cual el desarrollo se vea en los ojos de cada uno de los dominicanos; que se mida por la educación que recibimos, por las oportunidades de desarrollo personal, por el sistema de salud que tenemos, por los trabajos que conseguimos; no por los picapollos y los trescientos pesos con que los políticos humillan a nuestra población. .

En fin, salgo a la calle a protestar pidiendo por una revolución. Esperando que en algún momento ese cambio real llegue, que la democracia se instale y el poder le sea devuelto al pueblo, esperando que la libertad retorne a cada uno de nuestros hogares, soñando con que algún día los dominicanos van a dejar de querer irse de este su país y van a poder vivir en una verdadera República.

lunes, 2 de julio de 2012

Mi Credo Político


Creo que el ser humano se encuentra dotado con el poder de acción y pensamiento individual, y con la habilidad de distinguir entre el bien y el mal;

Creo que el Estado es solo un instrumento de la comunidad, no su generador; y no debería asumir ningún poder que cree conflicto con los derechos fundamentales de cada ciudadano y con las condiciones esenciales para una vida responsable, productiva y creativa;

Creo en la libertad personal, garantizada por la independencia de los 3 poderes del Estado y la justa administración de la ley;

Creo en la libertad de creencia y de conciencia;

Creo en la libertad de expresión y de prensa;

Creo en que el Estado ha de ser Laico y Civil;

Creo en la libertad de asociación o no asociación;

Creo en la libertad del individuo de decidir su ocupación;

Creo en que cada individuo debe tener la oportunidad para una educación completa y variada; en un sistema basado en su habilidad personal, no en su afiliación política ni en su nacimiento;

Creo en el derecho a la posesión de propiedad privada y al derecho de cada individuo de desarrollar empresas o ideas;

Creo en la libertad del consumidor de elegir libremente cual servicio o producto consumir, y en su derecho a exigir que este sea proveído con calidad y en respeto a su dignidad;

Creo en el derecho que tiene cada ciudadano a sentirse seguro ante los riesgos de la enfermedad, el desempleo, la discapacidad o la vejez;

Creo en la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer;

Creo que la educación es el medio por el cual se puede eliminar la pobreza, se pueden crear las condiciones para que los seres humanos se superen y se desarrollen, y en ultima instancia para que la República crezca;

Creo que la soberanía y la autoridad de los gobiernos en una democracia real emana del pueblo y descansa siempre en este;

Creo que estos y otros derechos solo pueden ser garantizados por medio de una democracia real, en un sistema Parlamentario.

Creo que una democracia real es inseparable de la política liberal y está basada en el consciente, libre e ilustrado consentimiento de la mayoría, expresado a través del voto libre y secreto, sin coerción y con el debido respeto a la disensión por parte de las minorías.

Creo que en los valores esenciales de la justicia social y rechazo todo prejuicio y discriminación basado en la raza, el color, la religión, la edad, la discapacidad, el sexo o la orientación sexual; y me opongo a todas las formas de privilegio y desigualdad surgido de cualquier otra razón que no sea el mérito propio.

Creo que la búsqueda de libertad y justicia nunca puede terminar, que siempre han de ser promovidos los derechos humanos y un gobierno abierto y responsable de sus acciones; una economía sostenible que satisfaga necesidades genuinas de la sociedad, servicios públicos de la más alta calidad y la preservación y correcta utilización de nuestros recursos naturales.

Creo que es necesario que las personas se involucren en el manejo de sus comunidades y que se fortalezcan los procesos democráticos por medio de un sistema de representación justo y equitativo.

Creo que ha de ser promovido un sistema democrático local y regional de gobierno, en el cual las decisiones sean tomadas en base a sus propias realidades, al igual que a la satisfacción de estas demandas en la medida en que sea viable para el bienestar de toda la República.

Creo que ha de ser fomentada también una economía fuerte y sostenible que aliente los procesos necesarios de creación de riqueza, desarrolle y utilice las distintas habilidades de los ciudadanos y trabaje para el beneficio de todos, con una justa distribución de las recompensas del éxito.

Creo que ha de ser una prioridad la promoción de la investigación científica y la innovación.

Creo que ha de crearse un sentimiento de propiedad (sociedad) y comunidad en todas las áreas de la vida. Reconociendo que la independencia de los individuos es salvaguardada por su propia posesión de propiedad, pero que el mercado solo no distribuye la riqueza y los ingresos de manera justa. Apoyo la más amplia distribución de riqueza posible y el derecho de todos los ciudadanos a la previsión social y a la actividad cultural.

Creo que los servicios públicos han de ser responsables ante los ciudadanos a los que sirven.

En esto creo.



jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuando se rompe el Contrato Social

Los individuos por medio del Contrato Social renuncian a una serie de prerrogativas naturales y de instintos básicos, como forma indispensable para poder coexistir en sociedad. Los individuos renuncian a la libertad absoluta que se genera en el ambiente pre-social y renuncian a la violencia a cambio de que el Estado, con su monopolio sobre la misma, se encargue de mantener la violencia a un mínimo soportable, castigando a aquellos individuos que rompen este Contrato Social y manteniendo a aquellos que quisieran romperlo a raya por medio de leyes, represión o castigos.

¿Pero qué sucede cuando el Estado falla en su papel de agente protector de los individuos? ¿Qué sucede cuando la renuncia que el individuo hace a favor del Estado no se ve compensada? ¿Qué sucede cuando es el Estado el que falla en el cumplimiento de su parte del Contrato Social?

Antes de las leyes, antes de las constituciones, antes de los códigos filosóficos, religiosos o morales, se encuentran las libertades naturales del ser humano y su instinto de preservación; preservación individual, preservación de la familia, preservación del clan/sociedad, preservación de la especie. ¿Se ve el individuo lanzado de nuevo a un estado natural en el momento en que el Estado rompe con el Contrato Social? ¿Es acaso facultado cada hombre y mujer para defenderse a sí mismo, a su familia, a su clan/sociedad y a su especie?

Bajo el acuerdo socio-político que da formación a las sociedades modernas, en el momento en que el individuo es víctima de algún acto de tipo violento en contra suya o de su familia, este ha de dirigirse hacia las autoridades debidamente establecidas por el Estado, quien se encuentra encargado repito de velar por la seguridad de todos los individuos de la sociedad. Estas autoridades debidamente establecidas y reconocibles inician un proceso de persecución que ha de terminar en la captura del agente anti-social el cual será llevado ante el Poder Judicial el cual cuenta con un cuerpo legislativo surgido del tiempo y la experiencia, el cual ha de castigar (sí, castigar) al agente anti-social por la falta cometida, proveyendo de esta manera un sentido de satisfacción personal al agredido y aún más importante, estableciendo claramente que las conductas anti-sociales no serán toleradas por el Estado.

¿Pero qué ha de hacer el individuo cuando todo este proceso es prácticamente inexistente? ¿Acaso se encuentran facultados los individuos para aplicar la justicia con sus propias manos? Y de hacerlo, ¿se encontrarían entonces estos en un estado de criminalidad? ¿No es acaso la defensa propia, aceptada en occidente? ¿No sería, en caso de que la sociedad imparta justicia, una defensa propia colectiva?

Si el Estado falla a la sociedad y abusa de su poder e instaura una tiranía, el pueblo se ve liberado del Contrato Social y se encuentra facultado a luchar por todos los medios posibles, incluyendo la violencia, para restaurar un Contrato Social que vaya más acorde con sus sueños, aspiraciones, tradición, ideales. Esto es algo plenamente aceptado en Occidente y que ha servido de catalizador y progenitor de varias naciones en todo el mundo. ¿No sucede lo mismo con la aplicación de la Justicia? ¿No debe luchar el individuo por todos los medios a su disposición para restaurar un orden social que vaya de acuerdo a sus aspiraciones de paz y orden social? ¿No es acaso la violencia social otra forma más de tiranía? ¿No es acaso la obligación de los ciudadanos de una República el rebelarse en contra de todas las formas de tiranía?

¿Pueden salir los ciudadanos a tomar la justicia por sus propias manos, linchando, quemando, ejecutando, castrando, amputando y en general castigando a aquellos agentes anti-sociales que amenazan con destruir el delicado equilibrio que sostiene a la sociedad?

¿Con qué calidad podría venir el Estado, luego de haber fallado en su papel de protector de la sociedad, luego de haber demostrado su poco interés en el cumplimiento o la existencia Contrato Social o en cualquier tipo de responsabilidad hacia con los ciudadanos, tratar de impartir “justicia” a favor de los anti-sociales y en contra de los ciudadanos?

Cuando la República, la sociedad, la familia, el individuo se encuentran amenazados por fuerzas mayores a él, este tiene el derecho, la responsabilidad, la obligación de agruparse y luchar por la preservación de sus derechos naturales. Ha de procurar protegerse a sí mismo, a su familia, a su sociedad y a su República por todos los medios que tenga a su disposición. Cuando el Estado falla en su deber, el Contrato Social se ve disuelto y es el individuo el que una vez más se encuentra facultado, obligado a restablecer el orden dentro de su comunidad con el fin último de que la vida en sociedad pueda desarrollarse una vez más de manera pacífica y civilizada.

Porque como ya establecieron nuestros padres fundadores en el acta de declaración de independencia de la República Dominicana “… los hombres no se han reunido en sociedad sino con el objeto de trabajar en su conservación, que han recibido de la Naturaleza el derecho de proponer los medios y de buscarlos a fin de obtener ese resultado, por esa misma razón, semejantes principios los autorizan a ponerse en guardia, a precaverse de todo lo que puede privarlos de tal derecho, cuando la sociedad se halla amenazada.” Estos principios siguen siendo tan validos hoy como lo fueron en 1844.

Entonces sólo queda la pregunta…

¿Qué harán los ciudadanos ahora que el Estado les ha fallado?

viernes, 2 de septiembre de 2011

Un Discurso Cualquiera

En tiempos como estos en que toda una generación se encuentra de pie ante el abismo, se hace necesario que surja un líder, que surja una idea que trascienda las pequeñas luchas partidistas y pueda unir a toda una nación con el fin de levantarla del lodo y conducirla hacia un mañana en el cual podamos decir una vez más con orgullo, soy dominicano.

Un hombre con una idea, con una sola y sencilla idea, reparar nuestra nación.

Y es esta idea la que es encarnada por _____________*, es está idea la que late en el corazón de cada joven, la que anida en la memoria de cada anciano, la que brilla en las pupilas de cada niño. Es una idea de cambio, de restauración, de por fin y para siempre encauzar a esta gran nación por el camino que tanto se merece y por el cual ha luchado tanto.

Ya hemos perdido mucho tiempo, muchas lágrimas, muchas vidas y sobre todo demasiada dignidad. Hemos perdido estas y otras tantas cosas en un naufragio sentimental al cual le llamamos política dominicana. Pero es hora de decir basta ya! es hora de que nos levantemos y miremos hacia el pasado, entendamos las cosas en las cuales hemos errado y nos dediquemos a construir ese futuro que en verdad nos merecemos, guiados de la mano por _________________*.

Como el sol que se levanta cada mañana para iluminar por igual a nuestros campesinos, a nuestros obreros, a nuestros niños que piden en las esquinas, a nuestros maestros, a nuestros periodistas, a nuestros jóvenes profesionales sin trabajo, a nuestros destechados, a nuestras madres abnegadas, a nuestros ladrones, a nuestros corruptos y a todos los que para bien o para mal son nuestros, así mismo nuestro candidato _____________* se levantará cada mañana para trabajar junto a los buenos, para reparar las vidas de los desprotegidos y para castigar la indolencia de los mezquinos.

No existirá un crimen que no sea castigado, no existirá un niño sin comida, no existirá un dominicano sin asistencia médica, no existirá una escuela sin techo ni un funcionario público enriquecido con el dinero de nuestro pueblo.

Porque con el machete afilado de la justicia dominicana cortaremos todos los males de raíz, con el lomo bronceado de nuestros campesinos y nuestros obreros reconstruiremos nuestra nación y con las pestañas quemadas de nuestros jóvenes profesionales llevaremos a nuestra República por el camino correcto.

Los problemas que nos afligen son muchos y complejos, pero las soluciones son simples y directas. Sin educación no hay progreso, sin progreso no hay crecimiento, sin crecimiento existe la miseria.

Sin instituciones fuertes no hay justicia, sin justicia hay corrupción, con corrupción existe la miseria.

Es hora de creer en una idea, es hora de salir de este letargo y unirnos todos bajo la candidatura de _______________*, alguien que por fin ha descubierto que las soluciones a todos estos problemas tan complicados son sencillas y directas.

Tenemos que reparar nuestra República y solo _____________* nos puede guiar por ese camino.

Que viva la República Dominicana

*Insertar el nombre de cualquiera…

martes, 14 de junio de 2011

LA DEMOCRACIA ENGAÑADA Y EL ESTADO FALLIDO

Todo nos ha fallado, desde nuestras concepciones de la democracia, hasta nuestra construcción del Estado el cual ha devenido en un organismo generador de élites políticas que han despilfarrado nuestros impuestos y agrandado el Estado a niveles inmanejables. El sueño por el cual tantos siglos fueron gastados, tanta sangre derramada y tantas vidas sacrificadas, nos fue hurtado subrepticiamente y moldeado de una manera totalmente diferente a la cual siempre aspiramos.

Nos dieron educación pública, pero nos robaron la calidad. Nos robaron la especialización, el derecho a una educación coherente y digna, a un profesorado remunerado en base al importantísimo trabajo que realizan y nos sumieron en un círculo vicioso de mala educación, pobreza e ignorancia que les permite perpetuar a esa clase política que nada tiene que ver con representar los intereses de la sociedad.

Nos dieron salud pública, pero nos robaron los médicos. Nos robaron los equipos y la profesionalidad, alentando la politización de los collegia nos fueron robando el deseo de los más preparados de quedarse en nuestro país, empujándolos a trabajar por otros ciudadanos, en países lejanos, sin posibilidades de contribuir al desarrollo de su propia nación.

Nos dieron el derecho al voto, pero nos negaron el derecho a la conciencia. Con una población hambrienta, ignorante y enferma se ha creado un proceso de degradación política y social, que ha empujado a nuestras naciones hacia la apatía y la aceptación de que las cosas son como son y nunca van a cambiar, cuando en realidad solo han sido como son por unas cuantas décadas.

Nos han robado la representatividad, ya que el voto no nos garantiza nada, no nos representa ni representa nuestros deseos, nuestros sueños, nuestras esperanzas o nuestros proyectos de nación. No sabemos quiénes son ellos ni a ellos les interesa quienes somos nosotros. Elegimos al que más gaste en campaña o al que más dinero nos dé el día de la votación, o peor aún votamos por el menos malo.

El sistema está dañado, y está dañando a la sociedad, la está corrompiendo de una manera que de continuar será irreversible. El Estado tradicional cuenta de tres mal llamados “poderes”, de los cuales el Judicial debe de garantizar que la justicia prime en las interrelaciones de los ciudadanos, sin distinción de color, raza, clase social, rango, etc. La justicia es la misma para todos los ciudadanos, y este ha de ser el único fin del estamento Judicial. Luego tenemos al Legislativo el cual ha de ser, por lo menos en teoría, el representante más directo con el que cuenta la ciudadanía. Este “poder” se debe de encargar de promover el establecimiento de una sociedad justa y viable, adaptando las leyes a los nuevos tiempos, a las nuevas necesidades de cada generación. El Legislativo es el órgano representativo más importante ya que a parte de su función antes mencionada, debe de crear las leyes por medio de las cuales el Judicial imparte justicia, y se limitan las actuaciones de los ciudadanos para que prime el orden y la coherencia tan importante para el desarrollo material y humano de cualquier sociedad.

En última instancia se encuentra el Ejecutivo, organismo que ha velar por la implementación de lo que sea decidido por el consenso colegiado de los representantes de la sociedad reunidos en Asamblea o Congreso, o Parlamento o como se decida llamar al Legislativo.

Esta es la teoría, en la práctica el Judicial se encarga de que los que más dinero, poder o influencia tengan se escapen por entre los grandes huecos con que cuenta la red de la justicia occidental. Los jueces se venden, los abogados no conocen su ejercicio, y todo el “poder” cae de rodillas ante el narcotráfico, la corrupción estatal, las cunas de oro, o el poder de las armas y el miedo.

El Legislativo en vez de representar a sus electores representa a un partido y a sus intereses. En vez de defender los derechos y el bienestar de sus representados se encarga de mantener el círculo vicioso de ignorancia apocalíptica que ha sido instaurado en las últimas décadas en todo occidente. El Legislativo sigue líneas partidistas y políticas sin tomar en consideración los intereses de la nación, de la ciudadanía, de sus representados. Es tal vez el mayor culpable de todo lo que acontece, ya que cuando es mayoría y gobierna, se comporta de manera totalmente absurda y abyecta. Cuando es mayoría pero no gobierna, se comporta de manera mezquina e impide cualquier intento de buen gobierno. Es el Legislativo el que ha creado, por intermediación del Ejecutivo, todo este aparato absurdo y decadente en que se ha convertido la democracia occidental.

El Ejecutivo en la práctica se ha convertido en un señor feudal con fecha de expiración. Cada nuevo Ejecutivo trae consigo una banda de pequeños señores feudales que cuentan con una fecha límite antes de la cual favorecer a los suyos, enriquecerse a costa de los ciudadanos y de vez en cuando realizar alguna labor social para mantener las apariencias. Por medio de impuestos y gravámenes de todo tipo el Ejecutivo ha logrado en todo occidente exprimir una cantidad innecesaria de dinero para repartir entre los suyos, mantener el gigante anquilosado en que se ha convertido el Estado, o promover cualquier proyecto faraónico o alejandrino, dependiendo del país.

Entonces llegamos al punto en que nos encontramos hoy en día. Mega-estados que no son funcionales, países endeudados hasta lo ignominioso, judiciales aterrorizados o vendidos en subasta pública, legislativos doblegados ante el señorío de los partidos políticos y toda una civilización entregada a la apatía y la estulticia. Y saltarán algunos inmediatamente, es culpa de la derecha, es culpa del capitalismo, es culpa, es culpa. Pero la historia no nos miente, ni la izquierda moderada, ni la izquierda revolucionaria, ni los liberales ni los conservadores, ni los reformistas ni los progresistas ha hecho nada más que no sea empeorar las cosas. Y es que el problema radica en ese punto precisamente, como sociedad no necesitamos de partidos políticos ni de ideologías fraguadas en la revolución industrial o antes. Como sociedades no necesitamos a una derecha xenófoba antagonizando a una izquierda de papel, mientras la revolución francesa sucedió hace mucho y ya nadie saca nada de esa confrontación.

La sociedad moderna y global no necesita de los partidos políticos ni de un Estado enorme y sobreprotector, no necesita de una izquierda romántica ni de una derecha troglodita, no necesita de un Legislativo comprometido y fantasma ni de un Judicial asustado y corrompido. Nuestra sociedad necesita reestructurarse en base a nuestras realidades y perder el miedo instaurado por las élites políticas al cambio de paradigma.

Necesitamos retornar a la búsqueda de la democracia. Necesitamos despolitizar el Estado y los procesos electorales. Necesitamos empoderarnos todos y participar activamente en el manejo de nuestro país. Necesitamos un Estado más pequeño y menos rico, mientras construimos una ciudadanía más grande y más rica, empoderada y comprometida con que su República prospere. No es quitarles el dinero a los ricos y dárselo a los pobres, es quitarle los instrumentos de recaudación excesiva con que cuenta el Estado y dejar el dinero en el bolsillo de quien se lo gana. Necesitamos un Legislativo enorme y representativo, necesitamos Juntas de Vecinos activas y empoderadas; necesitamos Asambleas de ciudadanos abiertas y públicas en cada provincia, necesitamos un Congreso Nacional de una sola cámara en el cual se vean representados los barrios y sus Juntas de Vecinos cómo primera forma de organización socio-política con que cuenta la sociedad moderna.

Necesitamos instaurar la meritocracia en todas las instituciones del devenir social y humano, necesitamos convertirnos todos en ciudadanos y participar activamente en la creación de nuestro país. Nos encontramos al borde del abismo socio-político, y si no se hacen las cosas que nunca se han hecho nuestra sociedad, nuestra civilización occidental corre el peligro de caer una vez más en la barbarie y el oscurantismo que surge como reacción instintiva ante el abuso y la precariedad. No necesitamos una revolución, necesitamos evolucionar y dejar atrás estas concepciones del siglo XIX de la “necesidad” de un partido político, de la “necesidad” de los políticos profesionales.

Lo único que necesitamos es una ciudadanía preparada y comprometida que se decida a realmente trabajar para que la República y la Democracia no sigan siendo violadas.

lunes, 23 de mayo de 2011

De la ilusión y las decepciones...

Mientras que la ilusión es cosa de humanos, las decepciones son cosas de políticos.

Por la naturaleza del trabajo los políticos están destinados a quedarnos mal a cada momento, a no llenar del todo nuestras expectativas y dejarnos siempre deseando más de lo que en la realidad nos entregan. Pero una cosa es la percepción de lo que se vende como nuevo y otra totalmente diferente la realidad de lo que es nuevo.

El sistema electoral actual nos permite ilusionarnos con las promesas que nos venden, nos permite darle la oportunidad a una persona diferente cada 4 años con el fin de que nos acerque un poco más a ese Estado con el que soñamos, a ese país que nos merecemos, a esa República por la cual tanto sufrimos, lloramos y sudamos. Algunos de nuestros elegidos dan pasos cortos, otros no dan ningún paso en lo absoluto, otros simplemente dan pasos hacia atrás.

Es natural en el ser humano el ilusionarse por un candidato, es natural que trabajemos y nos unamos bajo una bandera, bajo una idea que nos permite creer que el futuro será mejor que el pasado. Es natural, y hasta saludable que hagamos esto, que sigamos creyendo, que sigamos luchando cada vez que sea posible para que el proyecto de nación, el proyecto de sociedad, el proyecto de civilización humana siga en pie y avanzando.

Lo que no es lógico, lo que no es saludable, lo que no es recomendable para el bienestar de la humanidad, como tanto la historia se ha encargado de enseñarnos, es que volvamos la cara hacia el pasado, que depositemos nuestra fe en aquellos que en su debido tiempo cuando tuvieron la oportunidad de trabajar por nosotros, nos arrastraron al abismo de la corrupción desmesurada, de la destrucción, la soberbia y el retraso material.

Las elecciones no son un juego de chistes y chanzas alegres (por más que el pueblo lo entienda de esa manera), ni son el momento para dejarnos convencer por realidades fallidas disfrazadas de paternalismo moderno. Las elecciones no son algo que se deba de tomar tan a la ligera como quisieran algunos que se basan en la amnesia colectiva de un pueblo arropado por una crisis mundial, solo comparable a la Gran Depresión que dio paso y rienda suelta a los movimientos totalitarios que trajeron a toda la civilización al borde de la extinción moral.

La elección del Jefe de Estado debe basarse en una realidad tangible de progreso, de continuar construyendo sobre las bases institucionales y materiales creadas. Pero es también el momento en el cual se debe de elegir a alguien con la determinación para corregir las fallas existentes y con la visión suficiente para acometer los desafíos del futuro aún antes de que estos surjan. Es esta una oportunidad para darnos un respiro nuevo de esperanza, de sueño, de cambio, de confianza.

Nosotros, los Indignados de Stéphane Hessel, somos los llamados a creer en esta oportunidad. Somos quienes tenemos en nuestras manos el futuro de nuestra nación, el futuro de nuestro país. Tenemos la opción de elegir entre la soberbia ya conocida o entre la esperanza contenida. Es nuestra responsabilidad el evitarnos las acampadas frente al congreso, las marchas por las avenidas de nuestro país, la movilización social en contra de la injusticia, la incompetencia, la inmadurez, el abuso de poder y la chanza caudillista y caduca.

Queda en nuestras manos Indignados dominicanos, jóvenes Héroes de la República, el elegir a alguien que nos inspire y nos haga creer que las cosas pueden mejorar, que un futuro diferente es posible de construir, que aquellas cosas que se encuentran mal pueden ser corregidas, que no hay que destruir el trabajo de los anteriores Jefes de Estado para poder progresar, es nuestra responsabilidad el elegir a alguien que tiene el valor de proponer ideas nuevas para toda nuestra nación.

viernes, 11 de marzo de 2011

De la República y los Ciudadanos Políticos

Una institución es, según el Diccionario de la Real Academia Española, un “Organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o docente.” Y es en esta acepción que nos enfocamos en este artículo.

La República es la institución sine qua non de la vida política de nuestro país, toda y cada una de las acciones políticas que se toman dentro de ella deben de estar encaminadas a protegerla y engrandecerla, ya que esta no es más que la suma de todos sus ciudadanos, ricos y pobres, jóvenes y viejos. El bienestar y el progreso de la República es el fin de toda acción que desempeñamos cada uno de los ciudadanos que en algún momento u otro nos involucramos, directa o indirectamente, en la vida política de nuestro país.

En segundo lugar vienen los ciudadanos comprometidos, que representan los intereses y las aspiraciones específicas de un grupo de ciudadanos que entienden que dichos individuos representas de manera localizada su visión de cómo ha de ser gobernado el Estado y del camino que ha de tomar la República. Una República sin Ciudadanos Políticos preparados y coherentes carece de los instrumentos intermedios para expresar las demandas y visiones de sus integrantes.

Para la existencia de una República viable y funcional se hace obligatorio que exista una ciudadanía comprometida, preparada y coherente. Pero para que esto pueda existir, debe de ser estimulada por la misma República la cual ha falta de una ciudadanía coherente y comprometida se convierte en un juego de influencias y cae en la corrupción, la inmoralidad y la ilegalidad generalizada y promovida desde dentro.

Para que los ciudadanos crean en su República primero deben de creer en sí mismo como entes generadores de política pública y de cambio social, a falta de esto tenemos una República como la que tenemos ahora, anclada entre la ineficiencia y el realismo mágico.